El diálogo de todos los diálogos
y la danza de los millones para el campo.
Dialogar y acordar es una de las bases más sólidas que la democracia puede tener. Quiénes nos sermonenan desde los medios refregándonos ejemplos civilizadores tan distantes (Europa) como de discutible e imposible aplicación en Argentina de las democracias cercanas (Chile), a la hora de los acuerdos de verdad, ¿se olvidan? del supuesto republicanismo democrático que enarbolan. En realidad, su discurso y accción, no es más que el viejo palabrerío conservador de la democracia para las corporaciones y que los ciudadanos lo miren por TV. En estos últimos días quedó más claro que el agua que la democracia argentina les provoca urticaria, como sistema político y como eje estructurador de la sociedad de capital social, a las corporaciones sindicales, industriales y sobre todo campestres. Aprovechan, de pasadita, el vacio de siginificado que supimos conseguir del sistema político y su consecuente degradación, para imponer, según su peso específico y sobre todo poder de presión, sus interes por sobre el resto.
Por el vacio provocado por el constante descrédito de las intituciones y los partidos político, los medios pasaron a ocupar el centro y eje de la discusión política (¿algunas vez no lo estuvieron?, seria largo e importante debatirlo) instaurando un monólogo medio / poder político que extirpa en gran medida la participación real de los ciudadanos de las discusiones de fondo. No importa, total lo seguimos viendo todo por TV.
Así el diálogo abierto por el gobierno con todas las corporaciones tenía hoy en la cita con el campo, el punto más álgido, complejo y que tenía toda la pinta de estar muerto antes de ampezar con las declarciones bélicas de las entidades rurales que, por suerte, no tuvieron eco, al menos desde lo verbal desde el gobierno. Hasta el momento sólo hay la desconfianza mutua entre quienes luego de un largo camino de desencuentros y de guerra verbal y política se sientan a negociar, acordar y volver a la normalidad. Después de tanto zarandéo no se puede esperar más que palabras tibias y pocas definiciones puntuales.
En ese mirar o leer aparecen algunas cosas que van desde lo interesante a lo sorprendente. Página 12 publica un informe de la Ministra de la Producción sobre los aportes que el ¿gobierno? hizo al sector rural argentino. En realidad el informe debería enmarcarse en el derecho a la información pública de los manejos de los fondos del estado y que son de todos los ciudadanos y no solo como una mera reproducción prolija de un informe oficial de dudosa intención fuentística y que además sigue haciendo una importante contribución a la pandémica ¿práxis periodística? del monofuentismo, sin aportar contraste, ni articular algunas preguntas que ese informe muestra sin proponérselo.
¿Qué diálogo o consenso buscó el gobierno con la sociedad a la que gobierna y representa para que esos fondos fueran usados en ese sector?
¿Por qué las bases campestres no ven, no sienten o no expresan que estos fondos de subsidios hayan mejorado la situación de su activdad?
¿De qué manera se ejecuta esta entrega de fondos, quién los controla, por qué da la sensación de que no llegan a los destinatarios finales? Y si es así, ¿Quién se los quedó y para qué?
Además del mantenimiento de una dólar alto, que es ya de por si un subsdio inidrecto soportado por toda la sociedad, ¿Quién financió y con qué fondos del erario público se financiaron estos subsidios?
¿Cómo y por dónde los recuperará la sociedad?, ¿Con las retenciones?
Si se subsidia de esta manera a la producción agropecuaria, ¿Por qué el sector tiene altísimos índices de evasión previsional y altos niveles de precariedad y pobreza de los trabajadores y empleados rurales?
¿Dónde esta la voz, en los medios, del productor rural común y profundo?
¿Por qué siempre hablan sólo las corporaciones y sus dirigentes?
¿Por qué la denominada frontera agrícola fue rebasada por la soja y las corporaciones rurales han hecho la vista gorda y apelan al mudismo ante esto?
¿Cuál es el NO modelo de país que tienen las corporaciones rurales que llevan adelante un conflicto con el objetivo de cambiar un supuesto NO modelo de país, encarnado por el gobierno, resignando mercados al páis en favor de Brasil y otros?,¿Cuál es la verdadera vocación política de estas corporaciones?
Demasiadas preguntas que Página 12 (ni ningún otro) no hace, aunque en este caso provoca, con la mera publicación en automático de un informe oficial presentado como sacrosanto.
El gobierno llamó al diálogo sólo a las corporaciones de todo pelaje. Y esta muy bien. Pero hay un vacio muy grande en ese diálogo y que ¿no es? atribuible a una estrategia deliberada del gobierno sino en realidad a la falta de esas instancias donde reposa el verdadero peso democratizador del sistema: las instituciones intermedias de todo signo y pelaje están ausentes desde hace rato en todo debate político y en la construcción de un sistema sólido de democracia.
Así seguimos viendo, por TV, que el monólogo se instaura sin la participación y el aporte directo de los ciduadanos, más allá del voto cada cierto tiempo. No es poco, pero no alcanza por que el voto no es el fin del sistema democrático, solo uno de sus instrumentos. No sólo los partidos políticos deben salir de la política -0.00001 sino el sistema como un todo, incluído y en primer lugar nosotros mismos, los ciudadanos. El supuesto soberano no participa ni presiona por su participación en el debate sobre el interés u órden público. El canónico concepto de el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes aisla y desinfecta a la democracia real de los debates que a muchos asustan, a la mayoría le es indifrente y a otros no les conviene. Desde la instauración de la última dictadura militar hasta su culminación, eliminó de cuajo, todo tipo de elite política pensante y todo tipo de referentes emprendedores económicos y todo tipo de iniciativa innovadora en lo cultural.
La desaparición de personas y el exilio forzado o voluntario logró el vaciamiento más profundo y dañino de la Argentina. Diez años de dictadura fueron la bomba atómica que Argentina detonó (nos autoexplotamos en realidad) y que está pagando muy caro con la destrucción que la onda expansiva dejó con aquel vaciamiento de materia gris y con el consecuente, total y absoluto desprecio por la política y el concepto de ciudadanía que aún, con 25 años de democracia recorridos, seguimos sin poder reconstruir con un tejido de cuadros políticos, dirigentes económicos y refrentes culturales amplios y masivos que dinamicen al país en todo sentido. No por nada las sociedades más dinámicas y desarrolladas son las que apuestan a la innovación, el conocimiento, la cultura emprendedora y las ideas. No hay que ir muy lejos para ver esto en marcha: Brasil.
Seguir viendo al vecino gigante solo como un contrincante futbolístico en un clásico de peso mundial, es la peor de las ingnorancias que podemos autoimponernos. Brasil dejó, hace mucho tiempo, de ser ese país del carnaval, del fútbol bonito, de la caipirinhia y las mujeres infartantes, o mejor escrito sigue siendo eso, pero no sólo eso, es un todo mucho más amplio, complejo y dináminco que todas sus partes. En esa dinámica la pregunta es si Brasil, que siempre se pensó asi mismo como imperio, como un Estados Unidos del sur y pontecia económica y que se mira en el único espejo de los Estados Unidos del Norte, ¿seguirá con ese discurso poco creíble, berreta, de doble moral y falso del multilateralismo y la integración y bla bla bla bla o abrazará más rápido que tarde y de una vez por todas el libre comercio que tanto pregona, desea, exige, necesita y quiere la élite, sobre todo paulista, con los Estados Unidos y Europa? o acaso Lula ¿no se trasnformó en el apóstol impoluto del libre comercio fronteras afuera y opuesto a todo tipo de proteccionismo, mientras aplica todo tipo de restricciones para también protegerse fronteras adentro? Doble moral típica de las económias anglozajonas. Haz lo que yo dijo, no lo que yo hago.
Mientra tanto, los ciudadanos seguimos almorzando con Mirtha Legrand (ni siqueiera hemos podido producir algo mejor que esa tertulia mediocre donde una tía gorda nos alecciona desde una moral media decadente), riéndonos con el humor patético y de baja calidad de Tinelli y confundiendo periodismo con espectáculo o entrenimiento, con CQC y los reportes mediáticos televisados de los ¿des?informativos centrales a la cabeza y sus cámaras ocultas e informes sobre el Paco, pobreza y demás realidades formateadas para escandalizar y galvanizar de impotencia en lugar de profundizar en los por qué y aportar al debate articulándo las posibles soluciones. Si los medios son el reflejo de una sociedad, ellos son parte de ese reflejo y no solo un espejo separado de ella.
El debate sobre un modelo de país (el que sea), sigue anclado en la falsa y caduca opción de peronismo o no peronismo o industria o campo. Hasta intelectuales que en su país de origen nadie les da ni la hora, siguen dándonos ¿lecciones? de como tenemos que resolver nuestros dilemas. Es paradójico y patético, leer como determinados medios nos castigan con su moralidad de tergopol de que somos un país insignificante, inviable, bárbaro según su óptica, ignorante, arrogante, que no cumple con las normas y al mismo tiempo le dan letra a todo aquel extranjero que tiene algo que decir sobre estas tierras, ¿Algunas vez la prensa francesa le preguntó a Thomas Abraham, por nombrar a uno de los más lúcidos pensadores que tenemos, cómo tienen que resolver los dilemas de la sociedad francesa?. Si somos un país tan poco importante (como en realidad somos) y tan impresentable (como en realidad no somos), ¿para que tanta molestia, para que tanto interés en decirnos como tenemos que resolver las cosas?, dejénnos en paz si total no aportamos demasiado y somos mal ejemplo y después de todo nos gusta serlo.
Vacío institucional desde lo conceptual. Vacío mediático. Seguimos viendo (soportando) el mismo cuadro dirigencial forjado en la interrupcción constante de la democracia y en la mayoría de los casos involucrados en ellos como actores principales, en el acuerdo bajo cuerda, en el no cumplimiento de esos acuerdos, en la política vacía de una nueva base militante y por sobre todo, huérfanas de toda idea nueva, distinta o al menos interesante. A izquierda y derecha la geografía es yerma y con escasísimos dirigentes nacidos, formados y forjados en democracia. Los diálogos siguen siendo monólogos entre corporaciones. Y los ciudadanos los seguimos mirando por TV.